He decidido dejar de relacionarme con humanos y cultivar un profundo aprecio por las plantas. No es ciertooooo, pero sí.

Pasmada frente al teclado, mirándome las uñas, sin saber por donde comenzar este post, porque no quiero que suene a la lista sin fin de quejas con las que he tenido que lidiar y que me han obligado a apechugar en los tres últimos años.

Después de haber terminado con esa terrible relación tóxica en la que él me celaba hasta de la mosca que se postraba en la composta a 20 metros de distancia de mí, porque sus complejos no lo dejaban ni a sol ni a sombra, y mi ingenuidad me hacia alimentar la esperanza de que con mi amor él cambiaría... y en cambio lo que terminó haciendo fue "engañarme" con una chavita más inocente que yo (y a quien le deseo mucha suerte por cierto, básicamente porque la va a necesitar), jamás imaginé que mi siguiente movimiento me llevaría a relacionarme con hombres con características igualmente dañinas que la anterior.

En un plano general, describiré a continuación algunos rasgos de personalidad de estos caballeros, procurando su anonimato (no por temor a herir susceptibilidades, sino  que sería más valiente de mi parte decirles todo esto de frente).

1. El todas mías. 

Pros: Este personaje es encantador, con aires de rockstar y artista plástico, mantiene largas conversaciones en las que invariablemente te provoca carcajadas. Se relaciona con la crema y nata de lo esnob y huele delicioso.

Contras: Eso que tiene contigo, lo tiene con un par de chicas más.

2. El seamos amigos.

Pros: Se interesa por ti, te hace sentir comprendida, busca mantener actividades de interés común. Te mira con ojos de corazones (o sea, algo así como si estuviera viendo a Natalie Portman), conoce tus fuerzas y debilidades y saca lo mejor de ti, como lo hace un mejor amigo.

Contras: Eso que tiene contigo, no lo toma en serio porque lo quisiera tener con un par de mejores amigas más. 

3. El te busco cuando me aburro. 

Pros: Les gusta la misma música, tienen temas de interés común, cultiva cuadritos en su área abdominal, es súper fuerte sin caer en los anabólicos, tiene la piel más suave que tu sobrino, tiene la voz más sexy del condado, con acento del norte de la república, y también huele delicioso.

Contras: Es un poco mentiroso, te busca una vez al mes, básicamente porque eso que tienen, sólo lo tiene contigo, pero le gusta retosar con otras chicas.

4. El hay que vernos.

Pros: Todo podría ser perfecto y maravilloso, sólo que...

Contras: Básicamente, mantienen una relación virtual, a través de redes sociales.

¡¿Quien tiene la culpa?!...¡¿Quien?!... ¿Qué se puede hacer?, ¡¿Qué?!...

Encuentra las respuestas en mi próxima radionovela ¿Quien se ha robado el mes de abril?, también podrás descargar una guía para evitar el ghosting y saber responder ante la crisis de "me dejó en visto".

Una vez que pude pasar estas páginas en el libro de mi vida, permítanme decirles, jóvenes lectores, hombres, caballeros ¡NO SEAN ASÍ!

Como la mayoría de los aquí lectores saben, vivo con una condición autoinmune que a la vez es una enfermedad crónica, lo que significa que viviremos juntas por el resto de mis días. Esto no significa que tenga una vida miserable (para muestra, la foto de mi desayuno) y esté condenada a lidiar con la adversidad, aunque muchos días sí... sin embargo puedo reconocer que hace algunos años, cuando todo comenzó, no entendía nada y la pasaba muy mal.

Pensaba que cada vez que elegía comer algo que "no debía", Dios me miraba con cara de desaprobación y brazos cruzados, por lo tanto me castigaría con un padecimiento aún peor. Este pensamiento no es exclusivo de los de mi especie, en realidad, esta idea surge en la cabecita de todos los humanos que crecimos bombardeados por LA CULPA.

La infame culpa es una emoción que aprendimos y que nos fue dada desde antes de nacer. Esta se activa en nuestro cerebro cada vez que hacemos algo que falta a la obligación del deber ser o deber hacer, y esto a su vez, sucede generalmente cuando decidimos realizar alguna actividad de infinito disfrute e inmensa satisfacción, como comer, dormir siesta, procrastinar, comer, divertirnos, reír, retozar, videojugar, comer, etcétera.

Recién había comenzado a ignorar las voces en mi cabeza que invitaban a la Señora Doña Culpa a pasar, (sobre todo al momento de comer golosinas) cuando sucedió un evento que recuerdo muy desafortunado... para mí. Un día en una reunión, hace no mucho tiempo, la mamá de una amiga le ofreció galletitas a todos los ahí presentes, menos a mí, disculpándose con la consigna de estar cuidando mi diabetes. 

Han sido muchísimas las veces que en medio de un bocado alguien me lanza la típica pregunta: -"¿Te enfermaste por comer mucha azúcar?", también he lidiado con el hecho de que las personas cuiden lo que yo debo comer (como la mamá de mi amiga)... ¡y me choca!... a pesar de la buena voluntad que le nazca a la gente, ¡es una monserga!, porque no soy una niña pequeña, porque yo elijo sobre mí, y quien domina su condición soy yo. Me costó años de aceptación, de aprendizaje, de ensayos y errores, de discusiones con mi endo y con mi nutrióloga, de desvelos leyendo y escribiendo.

La historia anterior, estoy segura que tampoco es algo que sólo nos suceda a quienes vivimos con diabetes, sino a la humanidad en general, porque en el caso específico de nuestra relación con la comida, nos creímos el cuento de que comer nos hará obesos por lo tanto eventualmente seremos personas solitarias, porque a nadie le gustan los "enfermos", ni los "gorditos", ni la "celulitis"... (coloque aquí entre comillas todos los prejuicios, sustantivos y adjetivos calificativos que se le ocurran: "____________________________________________________________________________________________________________________________________").

No culpo a nadie; ni a la mamá de mi amiga, ni a los preguntones, ni a cualquier persona que tenga creencias similares, ni a los que juzgan a las personas por su sobrepeso, o por ser transexuales, o por tener tal o cual color de piel, o porque le guste la música de banda, o por lo que sea que nos haga distintos; simplemente así nos educaron, y está en quienes nos salimos del cuadro hacerles ver que hay otras formas, otros cuerpos, otros estados de salud, otros modos... otros humanos.


Dirás, "¡ay, padrísimo!", pero ¿Cómo se soluciona el problemita de mantener una relación tóxica con la comida?

Para concebir comer "saludable", que significa comer de todos los grupos de alimentos todos los días, con medida (especialmente con medida en grasas y carbohidratos, o sea azúcares) el primer pasito es atender simultáneamente otras necesidades, como las emocionales. 

A estas, un gran tipo, llamado Abraham Maslow las clasifica en la base de una pirámide de necesidades del ser humano.

En este primer nivel o base, habla acerca de las necesidades instintivas y hace una distinción entre necesidades “deficitarias” (fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento) y de “desarrollo del ser” (autorrealización). La diferencia entre una y otra se debe a que las “deficitarias” se refieren a una carencia, mientras que las de “desarrollo del ser” hacen referencia al quehacer del individuo. Satisfacer las necesidades deficitarias es importante para evitar consecuencias o sentimientos nada placenteros (como comer con culpa)

Entendiendo lo anterior, podemos comenzar a frenar el deseo por llenar nuestros vacíos existenciales con sustancias químicas que produce nuestro cerebro cuando disfrutamos muchísimo de algo, llámese comida, alcohol, drogas, sexo, deporte, etcétera; y despertar  la conciencia y amor por la vida; por el templo perfecto que es tu cuerpo y escucharlo y parar cuando te diga: -"estoy satisfecho, es suficiente, gracias". (Por cierto, es justo en ese templo donde vive Dios, y tiene una sonrisa divina de aprobación y motivación, escucha y compasión amorosa... y los brazos muy abiertos siempre listos para estrecharte).

Ya para terminar, déjame redundar en algo: Comer no te engorda, comer es una necesidad humana básica, y si has creído por mucho tiempo lo contrario, es momento de desaprenderlo... También, quiero decirte que si eres una persona que no encaja en los estándares de "belleza"o de "salud" por equis o ye razón, igualmente eres perfecto y digno de amor. 

Y te preguntarás, todo esto suena súper, pero entonces ¿cómo le hago para hacer rollito la culpa y mandarla por un tubo bien lejos de mi vida?

Pues la respuesta está (como en la mayoría de todas las enfermedades, adicciones, condiciones y aprendizajes) en la aceptación. 

Acéptate tal y como eres, dejando en un pozo muy profundo y tapado con una enorme piedra el "debería ser".

“La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar”. Carl Rogers.




Sin entrar en controversias de si se dice “pelo” o “cabello”, decido escribir este post utilizando ambos sustantivos, de manera que si tú estas leyendo y le dices pelo al cabello, pues no te distraigas con pequeñeces, y si le dices cabello al pelo, pues tampoco, porque este post no es una clase de gramática sino de belleza y auto cuidado. 

Desde que tengo memoria, mi cabello es uno de mis súper poderes, por lo consiguiente desde niña le presto atención y mucho amor.

Recién llegado el invierno, viajé a California, donde el clima estaba sumamente seco, al grado que sucedió uno de los incendios más grandes en la historia de Estados Unidos. Las noticias relacionadas al desastre invadían las estaciones de radio y los canales de televisión de manera que las personas estábamos todo el tiempo conscientes de lo que estaba ocurriendo, no sólo a nivel mental, sino corporal. La sed era constante y la resequedad en la piel y en el pelo, extrema.

Cuando me di cuenta que el viento del desierto me estaba convirtiendo en algo muy parecido a una lagartija, decidí emprender lo que llamé “operación galleta”… ¿por qué galleta?, porque es a base de aceite de almendras y de coco, mismos elementos con los que preparo mis galletas favoritas.



¿En qué consiste?

Por la noche, antes de acostarte, vierte los aceites, tanto de almendra como de coco, en una taza y caliéntala 20 segundos en el microondas. 

Una vez que hayas cepillado tu pelo, masajea con la mezcla de aceites el cuero cabelludo hasta que quede completamente cubierto y desplázalo hacia las puntas.

Coloca una toalla súper gruesa sobre tu almohada y duerme con el aceite en tu cabello. Cuanto más tiempo se filtre el aceite, mejores serán los resultados. 

Lava 2 veces el pelo en la ducha a la mañana siguiente con champú para eliminar todo el exceso de aceite. 

Seca tu cabello con estrujos en una playera vieja de algodón, y repite estos pasos una vez a la semana, verás cómo tu pelo se transforma.


Esta rutina la continué aplicando, y pretendo seguir así por el resto de la temporada, aunque los incendios por fin se hayan terminado y yo, básicamente, ya no esté en California.



Señora: Forma respetuosa de referirse a una mujer. Utilizado comúnmente para mujeres adultas o de edad avanzada.

Todavía recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me dijeron SEÑORA… básicamente porque fue ayer. Bueno, y también antes de ayer.

Mis amigos y yo habíamos organizado una ida a Six Flags para sacar el estrés acumulado a lo largo del año que estaba por terminar. Después de habernos subido a La Medusa, que es una montaña rusa revolucionada y recargada, teníamos la adrenalina en el tope de la cabeza, entonces queríamos más, así que con el ímpetu de porristas, nos dirigimos al siguiente juego más intenso, pero no sabíamos exactamente para donde debíamos caminar.  Con la consigna de preguntar al primer empleado que nos encontráramos, me dirigí al camión de comida más cercano y fue donde un joven atento me indicó el camino; le agradecí y enseguida se me rayó el casete, pues su respuesta fue como en cámara lenta y voz muy grave “DEEEE NAAAADAAAA SEEEEÑOOOOOORAAAAA”… Lo siguiente que recuerdo es a mis amigos echándome aire, pues me había desmayado.

Claramente algo estoy proyectando, porque antier, fui de compras a Gandhi, la librería, y algo muy parecido me ocurrió.

No ha pasado ni una semana de haber leído un post maravilloso que escribió Tamara de Anda para la revista Chilango (clic), hablando acerca de este tema cuando, viví en carne propia todo lo que describía Plaqueta en sus letras. 

No culpo a los chicos que utilizaron ese sustantivo conmigo, sino al sistema porque de ninguna manera la palabra “Señora” debería de ofenderme... Y además, pues hace más de 15 años dejé de ser señorita… pero más allá de eso, sin afán de buscarle el lado positivo a las cosas, como es mi costumbre, la verdad es que definitivamente, ser “Señora” tiene infinitas ventajas, por ejemplo:


Ir más cómoda; no solamente vestir más cómoda, sino sentirte bien contigo misma.

Poder decir NO, sin culpa y sin temor.

Dejamos de aferramos a algo que nos hace daño, sólo porque nos hace sonreír a veces.

Sabemos irnos de donde ya no nos quieren.

Comunicamos nuestras necesidades de frente sin victimizarnos y sin esperar que el otro adivine qué nos pasa.

Somos prácticas y discretas.

Las rutinas de belleza son un hábito, como un acto de amor propio.

Hacemos escuchar nuestra voz.

Respetamos y nos hacemos respetar.

No posponemos nuestras necesidades más básicas para agradar a los demás.


Bueno, todo lo anterior, tal vez no sean características de tooooodas las señoras, pero sí de esta señora <3


Otra vez desperté  con la misma pregunta, como casi todos los días del 2018, o la mayoría de ellos: “¿Cómo voy a lograr mis objetivos?". Después de aproximadamente 10 segundos, extendí mi brazo para alcanzar el celu que estaba en el buró, al lado de la cama y comencé con la terrible manía del scroll; primero en insta, luego twitter y al final en facebook porque… pues porque facebook.

Pensé: “¡Qué ritual tan deprimente para comenzar el año!”. Entonces escapé de las cobijas, bajé a la cocina, encendí el radio, preparé té, cocí un huevo, freí espárragos y metí dos rebanadas de pan de centeno con arándanos al tostador. Para cuando me senté con el desayuno en la mesa, ya tenía el estómago revuelto provocado por la noticia de una pequeña de 9 años de edad, violada y asesinada brutalmente en el Estado de México. ¿Cómo puedo pasar por alto las imágenes en mi cabeza y lo que estoy sintiendo, y aún así alimentarme?... Y peor aún, ¿cómo escribir de bienestar y motivación?, así, aplastada por la decepción social, sintiéndome desolada y profundamente triste.

La mente es tan astuta, que enseguida activa mecanismos para no sentir; sin darme cuenta, ya tenía nuevamente el pulgar en teléfono, viendo las historias de mis amigos. Así le hacemos, le bajamos el volumen, dejamos en visto, evitamos la confrontación con esa parte de la realidad que nos obliga a tocar nuestra propia vulnerabilidad. 

Envuelta en una cobija sujetada con la mano derecha y el libro en turno, con la izquierda; salí al patio buscando un rayo de sol que me diera consuelo y un poco de inspiración.

Comencé a leer y en eso perdí la noción del tiempo.  Mientras leía, tuve la necesidad de meter el separador de libros entre las hojas donde estaba escrito el siguiente cuento: 

Este cuento es de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa. ”Dios mío, esto es terrible —dice la ola— ¡Mira lo que me va a pasar!”

Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice — ”¿Por qué estás tan triste?"
La primera ola dice: "¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos! ¡Todas las olas vamos a deshacernos! ¿No es terrible?"
La segunda ola dice: "No, eres tú la que no lo entiende. Tú no eres una ola; formas parte del mar".

Tal vez el calor del sol y la historia de la olita, me ayudaron a sentir un poco de alivio y algo se me acomodó. Y es que yo también le tengo miedo al destino de romperme.



Un mensaje de whats app me sacó de la reflexión; era otra vez mi mamá, mandándome imágenes de Charlie Brown. Ella sabe que son mis favoritas, cada vez que recibe una, enseguida me la reenvía. (Mi mamá me mima y yo mimo a mi mamá).

La imagen tenía un mensaje súper poderoso, o por lo menos así lo creí en ese momento:


Charlie: “Snoopy, un día nos vamos a morir”

Snoopy: “Sí, pero los demás días no”

Fue inevitable sonreír… también fue inevitable evadir mis responsabilidades como hija menor y dejarme consentir por mis hermanos y mis papás, con quienes había jurado y escupido pasar el primer día del año nuevo.

Así termino este post, aún ignorando las respuestas a ¿cómo voy a lograr mis objetivos?, ¿cómo voy a motivar a otras personas?, ¿cómo voy a colaborar para resanar los daños de una sociedad un poco podrida y muy rota?, ¿cómo despertar con la energía recargada y sintiéndome vigorosa?… ¿cómo?... ¿cómo?

…se aceptan sugerencias.

Foto de Juan Pablo Carrillo

Aunque la mayor parte del tiempo puedo presumir que mi dulce vida realmente es muy dulce y feliz, no te voy a negar que hay veces en las que las hormonas femeninas, el clima, el presidente y la pena ajena que me provocan; mis papás, la economía mundial y la de mi cartera, el final de la novela (que ahora les llaman series), no ver a bae en días, perder el partido de tocho, y el sin fin de cosas sin demasiada importancia, me dan para abajo, y no hablemos de las verdaderamente importantes, con las que no te voy a agobiar, pero que ahí están , todas y cada una de ellas dominando mis emociones, llamando mi atención, más que eso, demandándola, exigiéndome pensar en ellas más que en mi diabetes.

Entonces me doy cuenta que ni mis caderas, ni tampoco el glucómetro mienten, y empiezo a notarme unos kilitos arriba a la par que mis niveles de glucosa en la sangre. No te engaño cuando digo que mi dulce vida, algunos días es también amarga.

¡Levante la mano quien no ha sentido que pasan días y no logra tener un buen control y dominio de su diabetes!… y si la levantas, aviéntame la primera piedra.


Pero es que no podemos separar nuestro estado físico del emocional, y del sistema en general que somos y del que formamos parte, llámese familia, amigos, grupo laboral, etcétera. Para atender un problema, es necesario atender varios más, y no lo digo yo, lo dicen Antonio Bertoli, Miguel Martínez Miguélez, Carl Rogers, Elisabeth Kübler-Ross, y sólo por nombrar a los que traigo súper frescos en la punta de la lengua.

No quiero ser redundante, sólo quería decirte que a veces pasa que hay cosas en la vida que nos afectan y sobre las que no tenemos control, y nos tumban, pero el manejo de tu diabetes no tendría que ser una de ellas y hacerte responsable y cargo de ella no es tan difícil como pareciera.

En esos días decido pedir ayuda, abiertamente a mis papás, a bae, hermanos, sobrino, amigos, compañeros de trabajo, para que me ayuden con eso de bajarle a mi consumo de carbohidratos y aumentar el de las proteínas y alimentos verdes que me caen de maravilla, también me comprometo a realizar alguna actividad física durante un periodo determinado constante, de manera que al cumplirlo me premio como las grandes, como por ejemplo una ida al teatro, escaparme al campo, irme de compras…

Créeme que compartir contigo a brazos abiertos cómo vivo y entiendo mi diabetes por todo lo que he visto, escuchado, leído, estudiado e investigado, en una y mil corrientes, es una enorme responsabilidad para mí, y estoy MUY consciente de eso, jamás lo pierdo de vista. 

Agradezco infinito todos y cada uno de tus comentarios, los buenos y los malos porque me ayudas a mejorar. Me encanta leerte también, de verdad ¡GRACIAS!

Si bien desde que traigo al Tamagotchi conmigo las 24 horas los 7 días de la semana, tengo un mejor control de niveles de glucosa en mi sangre, no voy a negarte que aún a veces me sorprende una que otra hipoglucemia. Y bueno, sé que probablemente, a ti también te sucede de vez en vez.

Por eso decidí escribir el minimanual de “10 formas de prevenir una hipoglucemia”:

Conoce a fondo tu medicamento. Ya sea insulina o metformina, te sugiero que investigues los efectos que tienen y cómo causan bajas en la glucosa.

Si utilizas insulina rápida, presta atención a tus niveles de glucosa antes de utilizarla y dos horas después; normalmente es el periodo que tarda en alcanzar su máximo efecto.


Evita revolver tus insulinas. Suena lógico, pero a veces pasa que usas una por otra, sobretodo cuando utilizas insulina rápida e insulina lenta en pluma. Lo que yo hacía era mantener la insulina lenta en el buró, al lado de mi cama, y la rápida en mi bolsa. Y las nuevas en el refrigerador en estuches diferentes.

Conoce los síntomas y actúa inmediatamente, de verdad, no te esperes ni un segundo porque se puede poner peor.

Sigue la regla de los 15. Si tienes menos de 70 mg/dl de glucosa en sangre, ingiere enseguida 15 gramos de carbohidratos, ya sea en tableta de glucosa, o en medio vaso de jugo de fruta o soda. Espera 15 minutos y vuelve a medir tu glucosa. Si aún está baja, repite el consejo nuevamente. Requiere tu atención y tu paciencia.

Siempre siempre carga con un tubo de tabletas de glucosa. ¡Siempre!

También siempre siempre, trae contigo un glucómetro.


Duerme lo suficiente. Recientes estudios comprueban que evitar trastornos del sueño reduce las probabilidades de tener bajas de glucosa.

Come a tus horas. Jamás dejes pasar demasiado tiempo entre el medicamento y los alimentos (soy poeta… porque rima).

Cuando comiences a realizar alguna actividad física, sé cuidadoso y precavido. Normalmente, llevar a cabo algún deporte y/o ejercicio, ayuda a que la glucosa en la sangre disminuya, por lo tanto, las bajas están a la orden del día.

Si tienes alguna duda o comentario al respecto, no lo pienses, escríbeme, me encanta leerte.

Saludos.

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