Sin entrar en controversias de si se dice “pelo” o “cabello”, decido escribir este post utilizando ambos sustantivos, de manera que si tú estas leyendo y le dices pelo al cabello, pues no te distraigas con pequeñeces, y si le dices cabello al pelo, pues tampoco, porque este post no es una clase de gramática sino de belleza y auto cuidado. 

Desde que tengo memoria, mi cabello es uno de mis súper poderes, por lo consiguiente desde niña le presto atención y mucho amor.

Recién llegado el invierno, viajé a California, donde el clima estaba sumamente seco, al grado que sucedió uno de los incendios más grandes en la historia de Estados Unidos. Las noticias relacionadas al desastre invadían las estaciones de radio y los canales de televisión de manera que las personas estábamos todo el tiempo conscientes de lo que estaba ocurriendo, no sólo a nivel mental, sino corporal. La sed era constante y la resequedad en la piel y en el pelo, extrema.

Cuando me di cuenta que el viento del desierto me estaba convirtiendo en algo muy parecido a una lagartija, decidí emprender lo que llamé “operación galleta”… ¿por qué galleta?, porque es a base de aceite de almendras y de coco, mismos elementos con los que preparo mis galletas favoritas.



¿En qué consiste?

Por la noche, antes de acostarte, vierte los aceites, tanto de almendra como de coco, en una taza y caliéntala 20 segundos en el microondas. 

Una vez que hayas cepillado tu pelo, masajea con la mezcla de aceites el cuero cabelludo hasta que quede completamente cubierto y desplázalo hacia las puntas.

Coloca una toalla súper gruesa sobre tu almohada y duerme con el aceite en tu cabello. Cuanto más tiempo se filtre el aceite, mejores serán los resultados. 

Lava 2 veces el pelo en la ducha a la mañana siguiente con champú para eliminar todo el exceso de aceite. 

Seca tu cabello con estrujos en una playera vieja de algodón, y repite estos pasos una vez a la semana, verás cómo tu pelo se transforma.


Esta rutina la continué aplicando, y pretendo seguir así por el resto de la temporada, aunque los incendios por fin se hayan terminado y yo, básicamente, ya no esté en California.



Señora: Forma respetuosa de referirse a una mujer. Utilizado comúnmente para mujeres adultas o de edad avanzada.

Todavía recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me dijeron SEÑORA… básicamente porque fue ayer. Bueno, y también antes de ayer.

Mis amigos y yo habíamos organizado una ida a Six Flags para sacar el estrés acumulado a lo largo del año que estaba por terminar. Después de habernos subido a La Medusa, que es una montaña rusa revolucionada y recargada, teníamos la adrenalina en el tope de la cabeza, entonces queríamos más, así que con el ímpetu de porristas, nos dirigimos al siguiente juego más intenso, pero no sabíamos exactamente para donde debíamos caminar.  Con la consigna de preguntar al primer empleado que nos encontráramos, me dirigí al camión de comida más cercano y fue donde un joven atento me indicó el camino; le agradecí y enseguida se me rayó el casete, pues su respuesta fue como en cámara lenta y voz muy grave “DEEEE NAAAADAAAA SEEEEÑOOOOOORAAAAA”… Lo siguiente que recuerdo es a mis amigos echándome aire, pues me había desmayado.

Claramente algo estoy proyectando, porque antier, fui de compras a Gandhi, la librería, y algo muy parecido me ocurrió.

No ha pasado ni una semana de haber leído un post maravilloso que escribió Tamara de Anda para la revista Chilango (clic), hablando acerca de este tema cuando, viví en carne propia todo lo que describía Plaqueta en sus letras. 

No culpo a los chicos que utilizaron ese sustantivo conmigo, sino al sistema porque de ninguna manera la palabra “Señora” debería de ofenderme... Y además, pues hace más de 15 años dejé de ser señorita… pero más allá de eso, sin afán de buscarle el lado positivo a las cosas, como es mi costumbre, la verdad es que definitivamente, ser “Señora” tiene infinitas ventajas, por ejemplo:


Ir más cómoda; no solamente vestir más cómoda, sino sentirte bien contigo misma.

Poder decir NO, sin culpa y sin temor.

Dejamos de aferramos a algo que nos hace daño, sólo porque nos hace sonreír a veces.

Sabemos irnos de donde ya no nos quieren.

Comunicamos nuestras necesidades de frente sin victimizarnos y sin esperar que el otro adivine qué nos pasa.

Somos prácticas y discretas.

Las rutinas de belleza son un hábito, como un acto de amor propio.

Hacemos escuchar nuestra voz.

Respetamos y nos hacemos respetar.

No posponemos nuestras necesidades más básicas para agradar a los demás.


Bueno, todo lo anterior, tal vez no sean características de tooooodas las señoras, pero sí de esta señora <3


Otra vez desperté  con la misma pregunta, como casi todos los días del 2018, o la mayoría de ellos: “¿Cómo voy a lograr mis objetivos?". Después de aproximadamente 10 segundos, extendí mi brazo para alcanzar el celu que estaba en el buró, al lado de la cama y comencé con la terrible manía del scroll; primero en insta, luego twitter y al final en facebook porque… pues porque facebook.

Pensé: “¡Qué ritual tan deprimente para comenzar el año!”. Entonces escapé de las cobijas, bajé a la cocina, encendí el radio, preparé té, cocí un huevo, freí espárragos y metí dos rebanadas de pan de centeno con arándanos al tostador. Para cuando me senté con el desayuno en la mesa, ya tenía el estómago revuelto provocado por la noticia de una pequeña de 9 años de edad, violada y asesinada brutalmente en el Estado de México. ¿Cómo puedo pasar por alto las imágenes en mi cabeza y lo que estoy sintiendo, y aún así alimentarme?... Y peor aún, ¿cómo escribir de bienestar y motivación?, así, aplastada por la decepción social, sintiéndome desolada y profundamente triste.

La mente es tan astuta, que enseguida activa mecanismos para no sentir; sin darme cuenta, ya tenía nuevamente el pulgar en teléfono, viendo las historias de mis amigos. Así le hacemos, le bajamos el volumen, dejamos en visto, evitamos la confrontación con esa parte de la realidad que nos obliga a tocar nuestra propia vulnerabilidad. 

Envuelta en una cobija sujetada con la mano derecha y el libro en turno, con la izquierda; salí al patio buscando un rayo de sol que me diera consuelo y un poco de inspiración.

Comencé a leer y en eso perdí la noción del tiempo.  Mientras leía, tuve la necesidad de meter el separador de libros entre las hojas donde estaba escrito el siguiente cuento: 

Este cuento es de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa. ”Dios mío, esto es terrible —dice la ola— ¡Mira lo que me va a pasar!”

Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice — ”¿Por qué estás tan triste?"
La primera ola dice: "¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos! ¡Todas las olas vamos a deshacernos! ¿No es terrible?"
La segunda ola dice: "No, eres tú la que no lo entiende. Tú no eres una ola; formas parte del mar".

Tal vez el calor del sol y la historia de la olita, me ayudaron a sentir un poco de alivio y algo se me acomodó. Y es que yo también le tengo miedo al destino de romperme.



Un mensaje de whats app me sacó de la reflexión; era otra vez mi mamá, mandándome imágenes de Charlie Brown. Ella sabe que son mis favoritas, cada vez que recibe una, enseguida me la reenvía. (Mi mamá me mima y yo mimo a mi mamá).

La imagen tenía un mensaje súper poderoso, o por lo menos así lo creí en ese momento:


Charlie: “Snoopy, un día nos vamos a morir”

Snoopy: “Sí, pero los demás días no”

Fue inevitable sonreír… también fue inevitable evadir mis responsabilidades como hija menor y dejarme consentir por mis hermanos y mis papás, con quienes había jurado y escupido pasar el primer día del año nuevo.

Así termino este post, aún ignorando las respuestas a ¿cómo voy a lograr mis objetivos?, ¿cómo voy a motivar a otras personas?, ¿cómo voy a colaborar para resanar los daños de una sociedad un poco podrida y muy rota?, ¿cómo despertar con la energía recargada y sintiéndome vigorosa?… ¿cómo?... ¿cómo?

…se aceptan sugerencias.

Foto de Juan Pablo Carrillo

Aunque la mayor parte del tiempo puedo presumir que mi dulce vida realmente es muy dulce y feliz, no te voy a negar que hay veces en las que las hormonas femeninas, el clima, el presidente y la pena ajena que me provocan; mis papás, la economía mundial y la de mi cartera, el final de la novela (que ahora les llaman series), no ver a bae en días, perder el partido de tocho, y el sin fin de cosas sin demasiada importancia, me dan para abajo, y no hablemos de las verdaderamente importantes, con las que no te voy a agobiar, pero que ahí están , todas y cada una de ellas dominando mis emociones, llamando mi atención, más que eso, demandándola, exigiéndome pensar en ellas más que en mi diabetes.

Entonces me doy cuenta que ni mis caderas, ni tampoco el glucómetro mienten, y empiezo a notarme unos kilitos arriba a la par que mis niveles de glucosa en la sangre. No te engaño cuando digo que mi dulce vida, algunos días es también amarga.

¡Levante la mano quien no ha sentido que pasan días y no logra tener un buen control y dominio de su diabetes!… y si la levantas, aviéntame la primera piedra.


Pero es que no podemos separar nuestro estado físico del emocional, y del sistema en general que somos y del que formamos parte, llámese familia, amigos, grupo laboral, etcétera. Para atender un problema, es necesario atender varios más, y no lo digo yo, lo dicen Antonio Bertoli, Miguel Martínez Miguélez, Carl Rogers, Elisabeth Kübler-Ross, y sólo por nombrar a los que traigo súper frescos en la punta de la lengua.

No quiero ser redundante, sólo quería decirte que a veces pasa que hay cosas en la vida que nos afectan y sobre las que no tenemos control, y nos tumban, pero el manejo de tu diabetes no tendría que ser una de ellas y hacerte responsable y cargo de ella no es tan difícil como pareciera.

En esos días decido pedir ayuda, abiertamente a mis papás, a bae, hermanos, sobrino, amigos, compañeros de trabajo, para que me ayuden con eso de bajarle a mi consumo de carbohidratos y aumentar el de las proteínas y alimentos verdes que me caen de maravilla, también me comprometo a realizar alguna actividad física durante un periodo determinado constante, de manera que al cumplirlo me premio como las grandes, como por ejemplo una ida al teatro, escaparme al campo, irme de compras…

Créeme que compartir contigo a brazos abiertos cómo vivo y entiendo mi diabetes por todo lo que he visto, escuchado, leído, estudiado e investigado, en una y mil corrientes, es una enorme responsabilidad para mí, y estoy MUY consciente de eso, jamás lo pierdo de vista. 

Agradezco infinito todos y cada uno de tus comentarios, los buenos y los malos porque me ayudas a mejorar. Me encanta leerte también, de verdad ¡GRACIAS!

Si bien desde que traigo al Tamagotchi conmigo las 24 horas los 7 días de la semana, tengo un mejor control de niveles de glucosa en mi sangre, no voy a negarte que aún a veces me sorprende una que otra hipoglucemia. Y bueno, sé que probablemente, a ti también te sucede de vez en vez.

Por eso decidí escribir el minimanual de “10 formas de prevenir una hipoglucemia”:

Conoce a fondo tu medicamento. Ya sea insulina o metformina, te sugiero que investigues los efectos que tienen y cómo causan bajas en la glucosa.

Si utilizas insulina rápida, presta atención a tus niveles de glucosa antes de utilizarla y dos horas después; normalmente es el periodo que tarda en alcanzar su máximo efecto.


Evita revolver tus insulinas. Suena lógico, pero a veces pasa que usas una por otra, sobretodo cuando utilizas insulina rápida e insulina lenta en pluma. Lo que yo hacía era mantener la insulina lenta en el buró, al lado de mi cama, y la rápida en mi bolsa. Y las nuevas en el refrigerador en estuches diferentes.

Conoce los síntomas y actúa inmediatamente, de verdad, no te esperes ni un segundo porque se puede poner peor.

Sigue la regla de los 15. Si tienes menos de 70 mg/dl de glucosa en sangre, ingiere enseguida 15 gramos de carbohidratos, ya sea en tableta de glucosa, o en medio vaso de jugo de fruta o soda. Espera 15 minutos y vuelve a medir tu glucosa. Si aún está baja, repite el consejo nuevamente. Requiere tu atención y tu paciencia.

Siempre siempre carga con un tubo de tabletas de glucosa. ¡Siempre!

También siempre siempre, trae contigo un glucómetro.


Duerme lo suficiente. Recientes estudios comprueban que evitar trastornos del sueño reduce las probabilidades de tener bajas de glucosa.

Come a tus horas. Jamás dejes pasar demasiado tiempo entre el medicamento y los alimentos (soy poeta… porque rima).

Cuando comiences a realizar alguna actividad física, sé cuidadoso y precavido. Normalmente, llevar a cabo algún deporte y/o ejercicio, ayuda a que la glucosa en la sangre disminuya, por lo tanto, las bajas están a la orden del día.

Si tienes alguna duda o comentario al respecto, no lo pienses, escríbeme, me encanta leerte.

Saludos.

Permanecer en una relación tóxica es dañino para la salud.

Está comprobado que para desarrollar una enfermedad, un factor importante es haber experimentado emociones negativas, y es por eso que considero verdaderamente elemental, urgente, relevante, imprescindible… compartir contigo esto.

Este post tiene nombre y apellido, sin embargo no hablaré mal de él, sino de mí y mi asombrosa manera para seguir tomando malas decisiones aún después de haberme enfermado ya de diabetes tipo 1.


Aunque el libro que ahora mismo estoy leyendo, “LAS MUJERES QUE AMAN DEMASIADO”, dice que no soy yo, sino mi gran ingenuidad para creer que puedo arreglarlo todo con entusiasmo, simpatía y mucho amor, porque así resolví varios problemas a lo largo de mi infancia y adolescencia, no puedo evitar sentir vergüenza por haberme permitido estar en una relación tóxica.

La realidad es que, la mayoría de los que tenemos una relación así, no nos damos cuenta ni de la hora, ni del lugar en el que estamos salcochados, inclusive, me atrevo a decir que fui la típica que juró y escupió: -“ay no, yo nunca aguantaría ____(tal mala actitud) de un hombre” en algún cotilleo con mis amigas.


Si bien este libro está dirigido a mujeres, no excluye a los hombres que padecen del mismo mal, o sea, amar demasiado.

Cuando tenemos una mala relación con alguien importante, ya sea, pareja, amigo, familiar, jefe o quimera, generamos malestares emocionales, provocados por sustancias químicas como la adrenalina, que libera nuestro cuerpo, alterando su funcionamiento. También activamos el sistema inmunológico , porque nuestro cerebro no distingue entre una herida física y una emocional; en general es un sacón de onda para todo nuestro sistema nervioso, de alguna manera lo alteramos, lo que a la larga, y a veces a la corta, provoca daños irreversibles.


Si te sientes identificado te invito a que leas el libro que me está dando las respuestas que buscaba, pide ayuda, sal de esa relación, rompe tus patrones, sé verdaderamente feliz.

Podría escribir una larguísima declaración, pero utilizaré las palabras de un amigo para decirlo simple: – “EL AMOR ES PARA BONITO”.

Me siento como mi sobrino cuando me presume que tiene 5 carritos, jajaja… pero este post no es para alardear acerca de mis 3 tatuajes sino que tener diabetes no es sinónimo de no poderte tatuar.

Ayer publiqué una imagen con un dizque tatuaje en el brazo, súper falso, pero probablemente ya habrás notado que sí tengo un tatuaje real cerca de la clavícula izquierda, y si has visto mi Instagram o mi Facebook, también podrías percatarte de que tengo también otro de un ganchito de ropa entre el cuello y la espalda, y un dibujo en el costado.



Cada vez que llego a casa de mis papás con algún tatuaje nuevo, de antemano sé que al menos mi papá, me dejará de hablar mínimo un par de horas.

Cuando decidí hacerlo por primera vez, no fue a mis papás a quienes pensaba que debía pedirles autorización, puesto que yo lo pagaría y además tenía 26 años de edad, sino a Héroe. Su respuesta fue permisiva, aunque me torció un poco la boca, pero al final tener diabetes en ningún momento significa “no te tatúes”, pero sí asegurarte que llevas un tiempo considerable con los niveles de glucosa bajo total control para poder hacerlo.



Un mal control de glucosa podría provocar alguna infección o simplemente complicar el proceso por mala cicatrización.

Si ya estas súper decidid@ a tatuarte, elige siempre un lugar serio, completamente certificado con profesionales, indaga en el lugar, stalkéalos. Estas poniendo tu salud en sus manos, cualquier mínima infección podría volverse un desastre.

Lo primero que sucederá cuando llegues es que te darán un formato en el que anotarás todos tus datos y certificarás que vas por voluntad propia; en ese papel debes poner que tienes diabetes, pero además te aconsejo que se lo digas a tu tatuador. Normalmente tendrá la consideración de asegurarse que te sientas bien durante el proceso.



Te recomiendo también, que vayas descansado y bien alimentado, porque dependiendo la zona es más o menos doloroso (aunque no conozco en absoluto tu umbral de dolor). Por otro lado, dependerá del tamaño y el nivel de complejidad del dibujo, el tiempo que durará llevarlo a cabo, y como te sometes a un proceso que podríamos llamar de “estrés”, es muy normal que tus niveles de glucosa incrementen en el inter.

Para las personas con diabetes no es muy recomendable tatuarnos en áreas como pies, tobillos, espinillas o partes donde normalmente nos inyectaríamos.

Si ya lo has hecho o lo vas a hacer, me encantaría que me compartieras tu experiencia.

Saludos.

Popular Posts