¿Quihubo?

/
0 Comments
Fotografía: Juan Pablo Carrillo 

Fue un domingo en casa de la abuela, a la cortísima edad de 5 años que me recuerdo esculcando en los pequeños cajones de  una máquina de coser, que guardaban aditamentos, herramientas, hilos, alfileres y agujas, además del particular olor del  aceite para máquinas “Singer”. Lo siguiente que recuerdo es a mi abuela enseñándome a coser en ella.

También pienso en un verano en el gabacho, en donde descubrí a los 7 años en lo que me convertiría veinte años después. Mi tía impartiría un curso de liderazgo en una empresa en TJ para lo que tenia que preparar, entre otras cosas, un manual del buen vestir. Mi labor era recortarle referencias de una pila de revistas que ya había seleccionado. No conocía de términos ni títulos, pero sabia que yo al menos, ya no quería ser bombero.

Saliendito de prepa entré a estudiar moda y creación (esta es la parte en la que agradezco a mis papás por TODO, a mi hermano por cambiarse de universidad para aminorar gastos; a uno de mis mejores amigos, que entonces era mi novio, por picarme las costillas para siempre sobresalir, y a mis amigas las barbies por obligarme, sin saber, a quererme más y mejor). En el ultimo año tuve la suerte (misma que busqué hasta topármela) de dar a conocer un par de colecciones en desfiles importantes; uno de ellos, Fashion Week .

Terminé la carrera y lo siguiente fue conseguir trabajo; de chiripa, él me encontró a mí. Entré a cine y a tele en el área de vestuario, y a eso me he dedicado desde entonces. El vestuario me ha permitido involucrarme en moda y en imagen; comprar ropa de marca y de mercado, me ha dado el gusto de conocer a personas increíbles y el placer de viajar por lugares que no imaginaba, y en donde me di cuenta que la comida mexicana es mi preferida (por mucho), que los mejores helados realmente se hacen en Italia, que la canción que me pone más contenta es Yoshimi Battles the Pink Robots, que el libro que más me ha inspirado es Tinísima, que el color que me súper gusta es el menta, que tatuarme y perforarme no fue cualquier cosa, y que mi persona favorita en el mundo es mi sobrino.

El año pasado perdí manías y gané otras (creo que eso sucede normalmente cuando estas a segundos de que se te acaben los veintes): Juego tocho, lo que significa levantarme temprano los domingos, lo que a su vez implica no desvelarme los sábados, no fumo y ya no me muerdo las uñas, me ejercito diario (casi), y una vez al mes visito  junto con mis amigos algún nuevo restaurante (nuevo para nosotros); procuro a las personas que me importan (o eso intento), tomo té en la mañana y en la noche, tejo con agujas y no me voy a la cama sin lavarme la cara y los dientes.

He buscado un buen pretexto para justificar por qué te cuento todo esto, pero no lo encuentro, así que he de confesar que mi fotógrafo/ diseñador, quien se ha convertido en un ser indispensable en mi vida (espero no se le suba a la cabeza) me lo pidió con el fin de que tú, que me lees, conozcas datos sumamente irrelevantes de mí. 











You may also like

No hay comentarios. :

Popular Posts