Desde que todo en mi vida es frisbee.

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Hay días en los que como hoy, me está costando escribir, porque no todo me está saliendo como me gustaría, y aunque bien podría ser una de esas veces en las que, desde una mirada optimista,  estoy sumergida en experiencias y aprendizajes, ahora mismo me cuesta trabajo lograr percibirlas.

He trabajado muy duro con mi cuerpo y mi mente para alcanzar niveles óptimos de glucosa en mi sangre, y sin embargo no ha sido suficiente. Entonces me doy cuenta que mi condición y la vida en general, son como un interminable partido de ultimate frisbee, exigiéndome más, siempre.


Asociar mi situación actual con esa actividad que tanto disfruto y que me ha ayudado a crecer, cambia el panorama por completo, de alguna manera, le resta angustia a la angustia porque me doy cuenta que:

Plantearte objetivos es necesario cuando deseas que las cosas mejoren.

Entrenar y obligarte a realizar una rutina para lograr un hábito, te dará resultados sumamente gratificantes.

Trabajar con tus pensamientos negativos y saboteadores, colocarán el mango de la sartén en tu mano, obteniendo el control y dominio de la situación.


Apoyarte en un equipo, pedir ayuda… y/o apoyar a tu equipo y brindar ayuda, te llevará lejos, muy lejos.

Cuando todo vaya mal, respirar, jalar aire y seguir… y seguir… sin permitir que el fracaso ocupe ni un mínimo lugar en tu pensamiento te coloca en un lugar con mucha ventaja.

Aún cuando la realidad, los números y las estadísticas demuestren lo contrario, ganar siempre es una posibilidad.


Entonces, este análisis me permite concluir que aún cuando no estoy ni cerca de alcanzar mi objetivo, ese de tener correctísimos niveles de glucosa en la sangre, no todo está taaan mal, sólo que aún no es el momento de dar saltos de victoria.

Tal vez todo esto, es sólo una autojustificación, pero ¡qué diablos!, sólo soy una personita en busca de bienestar.




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