Lecciones que aprendí en mis relaciones.

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Nunca me había pasado que por error no le diera click al ícono de “Guardar como” y en cambio sí picarle al de “No guardar”. Así como lo lees, acabo de sufrir un microinfarto al corazón… ya me río pero hace un momento, quería azotarme al suelo y patalear.
Espero que al comenzar a escribir este post desde cero nuevamente, las ideas me fluyan con mayor ligereza, confiando en que todo pasa por algo y siempre es para mejor.

Esto último encaja perfecto con el sentido de este post:

 ̶L̶e̶c̶c̶i̶o̶n̶e̶s̶ ̶q̶u̶e̶ ̶a̶p̶r̶e̶n̶d̶í̶ ̶e̶n̶ ̶m̶i̶s̶ ̶r̶e̶l̶a̶c̶i̶o̶n̶e̶s̶ Lección que no aprendí en mis relaciones.

No puedo presumir que fui una chica con una lista infinita de novios, en realidad sólo tomo en cuenta a tres, y no porque los que tuve antes o después dejaran de ser importantes, sino que las experiencias que viví con quienes figuran en este post, fueron, son y seguirán siendo grandes lecciones para mi.


El primero. Teníamos 14 ó 15 años de edad, 8 de conocernos y 2 de mantener una increíble amistad. Es lindo recordarlo, porque crecimos juntos, y las imágenes que vienen a mi mente son de un sin número de momentos padrísimos que pasamos, protagonizados todos por sus grandes ojos enmarcados con su fantástica y única ceja. Aunque éramos unos niños y ni nuestros instintos sexuales ni la lívido habían despertado en ninguno de los dos, ambos deseábamos poseernos, de manera espiritual más que carnal; motivo por el cual, no duraríamos ni un año. Entonces comprendí que para mantener el equilibrio en una relación había que construirla con un sentido de libertad.
Fer.


El segundo. Nos conocimos al comienzo del último año de preparatoria, y aunque puedo jurar y escupir que fue amor a primera vista, tuvieron que pasar 9 meses para que los dos decidiéramos salir de la zona de amistad el fin de semana que mi mejor amiga nos invitó a pasar en su casa de Cuerna, y saltar a una relación de novios que duraría 7 años. Me alegra poder decir que fue mi novio, pero también siguió siendo mi mejor amigo, mi cómplice, mi protector y mi maestro, y supongo que de alguna manera fui lo mismo para él. Pasábamos tiempo juntos todos o casi todos los días y sin embargo él tenia su vida y yo la mía, así que una vez más confirmé lo importante que era sentirnos libres y que ambos lo apreciáramos. Fue por eso que cuando me compartió su deseo de estudiar en Italia, con el dolor de un millón de alfileres en mi corazón, elegí apoyarlo con la esperanza de que cuando necesitara un lugar templado para estar, pensara en mi.
Juan Pablo.

Puedo presumir que Con Fer y con Juan, aun mantengo una linda amistad y nos frecuentamos seguido, caso contrario a…


El tercero y último. Pensar en él, me hace afirmar que las historias de las películas de palomitas de maíz pueden ser parte de la realidad. Nunca sentí tantas mariposas volando en mi barriga provocadas por la química con alguien más. Era demasiada atracción e infinitos instintos irracionales los que existían entre los dos. Ni él ni yo sentíamos por mucho tiempo estímulos de saciedad y satisfacción, siempre queríamos más del otro, dominar al otro, éramos adictos, nos estábamos enfermando y no nos dábamos cuenta. Un día, sin más, como sucede en la ciencia ficción, no volví a saber de él pues me había borrado de su vida, y entendí que para tenerer lo que deseamos, hay que soltar lo que nos hace daño a pesar del cariño y de lo mucho que nos atraiga.
Jorge.

Lo que creí bien aprendido con Fer y con Juan, lo pasé por alto con Jorge; con él presenté una especie de examen final acerca de la importancia de la libertad en las relaciones  y lo súper reprobé, así que supongo que en mi próxima relación presentaré extraordinario y espero esta vez, poder aprobarlo.





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