Insulina y cuenta de carbohidratos. 3 cambios positivos.

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Cuando me diagnosticaron con diabetes tipo 1, se me fue el aire, no me enfermé por un susto, lo sé porque en realidad el susto me vino después. Se me cerró la garganta y empecé a sudar frío, porque la realidad es que no sabía lo que se me venía, sólo imaginaba una tumba cavada, como cuando a Ebenezer Scrooge lo visita el fantasma de la navidad futura; y es que mi ignorancia ante el tema era infinita. Sin embargo con el paso de los días comenzaron a ser evidentes los cambios positivos.



Mi piel mejoró.

Toda mi vida, había tenido pequeñas horribles imperfecciones, sobretodo en la cara, pero cuando tenía un absoluto descontrol de glucosa en la sangre, la cosa se puso peor, mis mejillas y cuello comenzaron a llenarse de granos y espinillas, sentía comezón en brazos y piernas, y las manos las tenía cuarteadas de resequedad; me sentía en comercial para cremas hidratantes pero en el antes, no en el después. Estaba completamente seca. Fue cuando alcancé el control de glucosa en mi sangre a través de un régimen basado en cuenta de carbohidratos y a la vez un tratamiento con insulina, que mi piel se tornó más sana y tersa.

(Esta era yo... la de abajo de la niña)

Recuperé peso y energía.

Calculo que tardé un mes en saber que la suma de mis malestares eran causados por una condición física llamada diabetes. Durante esos 30 días, aproximadamente, recuerdo que había bajado más de 8 kilos, parecía un pequeño alienígena. Esto sucedía porque sin insulina, el organismo no puede utilizar la glucosa como combustible, por ende, el organismo descompone las grasas para utilizarlas como energía. Cuando comencé mi tratamiento, mi peso volvió a su normalidad, y con él, mis ganas y alegría por vivir.

Mi sentido del humor y salud emocional regresaron.

A veces, aún me pasa, que cuando se me suben los carbohidratos a la cabeza, me convierto en un monstruo, me pongo de pésimo humor, soy como la loca de mi casa, pero enseguida se me pasa, jaja… y es que me tardé en descubrir que es una cuestión química y que mis emociones están directamente relacionadas y son directamente proporcionales a mis niveles de glucosa, por lo tanto también están en mis manos y bajo mi control.



La verdad, entre muchas otras cosas, admito que esta condición también me trajo cambios positivos.


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