Los niños también entienden de salud.

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Luego leo defensores del buen uso de las palabras y siento que estoy siendo una mala “diabetestiana” y me tuviera que lavar la boca con jabón por decir blasfemias, aunque si las escribo, pues lo que me tendría que lavar son las manos. Lo que es una realidad es que aceptar y entender esta condición lleva un proceso y lo que lo hace más llevadero es hablarlo como lo vives y como lo sientes, y ya con el tiempo le podrás poner nombres y adjetivos correctos, y no significa exactamente restarle importancia al hecho de informarte e involucrarte con todo lo relacionado a tu salud.



Cuando recién me diagnosticaron, mi hermana mayor tenía 8 meses de embarazo y pasó que una vez aceptada mi situación, a riesgo de perderme del parto, decidí viajar un par de semanas, y eso ocurrió. A mi regreso, habían pasado ya 4 días del nacimiento de quien hoy es mi persona favorita. Estando lejos, cuando recibí la noticia, comencé a pensar y a preocuparme anticipadamente por el hecho de cómo le explicaría llegado el momento a mi “sobri” lo que a partir de entonces se estaba convirtiendo en mi estilo de vida; sobretodo el tema de las jeringas y de los piquetes, y qué miedo si un día por curioso se le ocurría hacer travesuras con mis juguetes.



Lo subestimé, cuando comenzó a hablar (que por cierto, “Nilly” fue su segunda palabra después de mamá) y tenia más que despierta la curiosidad, sabía que su tía no debía comer dulces, y que se debía picar algún dedito de la mano y la barriga antes de cada comida. A 9 años de eso, jamás he tenido que preocuparme por nada, es más, hace unos días supo explicarle a mi mamá que yo prefería no probar la tarta de frutas que habían traído de la pastelería (como si ella no lo supiera) porque mi sangre se ponía dulce, y eso no estaba bien, también sabe que tengo que comer muchos alimentos verdes, de esos que no le gustan tanto, para sentirme fuerte y poder jugar mucho con él. Jamás ha agarrado ningún insumo sin mi consentimiento; siempre me pregunta por mis partidos de frisbee, que sabe son “casi-obligatorios”, también antes de comer, corre conmigo a ver mis niveles de glucosa en la sangre, le gusta decirme el número que aparece en la pantalla de mi glucómetro y siempre está al pendiente de que me inyecte antes de comer cualquier cosa sin hacerme sentir hostigada. Lo siguiente es explicarle la diferencia entre carbohidratos y proteínas.



Mi condición ha sido un proceso muy grato acompañada de un pequeño que me contagia alegría y con quien he ido entendiendo y poniéndole nombres y palabras a todo lo que vivo diariamente, que no me juzga si lo digo bien o mal y que por el contrario, se ha dado cuenta que su tía tiene que hacer cosas distintas al promedio de las personas con quienes convive, pero no logra percibir que eso es “raro” porque está creciendo con esa parte de mí y conmigo a la par. Entiende perfectamente el significado de salud.


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