Microinfusora de insulina. Capítulo 1.

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Desde que tengo memoria mi papá se ha tomado muy en serio esa chamba de guía-orientador de vida, sobretodo a la hora de probar cosas nuevas, llámese comida y/o experiencias. Por eso, hoy en día alzo los brazos al cielo y agradezco al universo que puedo disfrutar de casi todo tipo de comida, y digo casi, porque definitivamente brochetas de víboras y cucarachas fritas chinas muy probablemente no, pero todo lo demás, sí. Lo que no significa en ningún momento que no me resista al cambio y que no me tiemblen las rodillas cuando se me presenta algo desconocido, como me pasó el día en que Héroe me propuso colocarme la microinfusora de insulina, también conocida como bomba de insulina, pero como suena súper azotado pues yo la bauticé con el nombre de Tamagotchi. En fin, mi reacción inmediata fue pelar los ojos y tragar saliva para darle una respuesta conciliadora de manera que no notara que me estaba poniendo pálida del terror, entonces le pregunté –“¿lo puedo pensar?”, él sonrío y me dijo –“¡claro!”. De eso han pasado 5 años y apenas hace unos meses jalé aire para hacer tooooodos y cada uno de los tramites necesarios para tener un Tamagotchi.


¿Qué me hizo reaccionar? El motivo principal fue que Héroe me había advertido de lo riesgoso que sería embarazarme con un descontrol de glucosa en sangre, y en ese momento yo estaba tan enamorada de mi ahora exnovio que obviamente empecé a hacer planes a futuro con él; pero sin duda, también me motivaba mi profundo deseo de hacer las cosas cada vez mejor, por amor propio, por tener energía y muchas ganas de vivir mejor.


Sólo me detenía algo ligeramente vano, que es el hecho de que Tamagotchi va conmigo a todos lados y no hay manera de ocultarlo, pensaba que ya no podría usar ombligueras, ni leggings, ni vestidos muy entallados, porque qué oso que la gente lo viera, y qué flojera dar explicaciones. Hasta que un día me desperté con la llamada de la vendedora de mi Tamagotchi para avisarme que ese mismo día lo mandarían a mi casa, entonces ya era algo muy real; pensé, “¿qué diablos?, total, MI DULCE VIDA ya es pública, será un tema más del cual podré escribir (sonrío).

Continuará…


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